30 de junio de 2005

Ataque nocturno de lobos huargos

Una vez acampados nuestros aventureros, se producirá, durante la madrugada, un ataque de fieros huargos.

1ª NOCHE AL RASO.

Tal y como estáis acostumbrados, disponéis turnos de guardia para pasar la noche. La luna brilla en un cielo raso cuajado de estrellas.

HUARGOS (4)
Dados de Golpe: 4d10+8 (30 puntos de golpe). Iniciativa: +2. Velocidad: 50 pies. CA: 14 (+2 DES, +2 natural). Ataques: mordisco +7 c/c. Daño: mordisco 1d6+4. Ataques especiales: Derribar. Cualidades especiales: Derribar. Salvaciones: FORT +6, REF +6, VOL +3. Características: FUE 17, DES 15, CON 15, INT 6, SAP 14, CAR 10. Habilidades: avistar +9, esconderse +7, escuchar +9, moverse sigilosamente +7, supervivencia +2. Dotes: Alerta. VD: 2. Derribar: Cuando el huargo acierta con su ataque de mordisco, puede intentar derribar al oponente como acción gratuita, sin realizar ataque de toque ni provocar ataque de oportunidad. Si el intento falla, el oponente no podrá reaccionar intentando derribar al huargo a su vez.

Descripción: Un lobo gris enorme, midiendo unos 5 pies de largo y 3 pies de alto, hasta la cruz. Una malévola inteligencia brilla en sus ojos amarillos.

Tras la agitada madrugada, empaquetáis de nuevo para continuar la marcha hacia las minas. Ahora, no os cabe duda de que el terreno por el que os movéis es en extremo peligroso. Estáis en campo abierto, muy alejados ya de cualquier zona civilizada. El transitado y relativamente seguro Camino del Comercio, queda ya muy hacia el norte. En un par de días, a lo sumo, llegaréis a vuestro destino entre las lomas de la mina. Pero tendréis que aguzar el instinto, pues el trecho hasta allí, sin duda, será arduo y muy peligroso.

29 de junio de 2005

Hacia la mina abandonada

Una vez informados por el Burgomaestre sobre la situación de los contornos de la villa de Robleda, decidís marchar hacia el sureste para comprobar que la Mina Abandonada no se halle ocupada por fuerzas trasgoides que pudiera amenazar a la Marca del Este. A la sazón, y acompañados por Lidia, emprendéis la marcha al día siguiente, según el sol comienza a despuntar por entre las quebradas azules, bañadas por el reflejo del Arroyosauce.

Tal y como se os recomendó, el grupo decide obviar la ruta del Camino del Comercio y marchar campo traviesa, desde la margen oriental del Arroyosauce, por entre los Páramos del Pasto. Una vez vadeado el río, os adentráis en los vastos pastizales. El tiempo es benigno, un tibio sol luce brillante en el cielo, apenas incordiado por alguna nube algodonosa. Los pájaros cantan entre los matorrales y el cuervo grazna sobre las copas de los árboles. Docenas de veredas y cañadas se entrecruzan con los caminos de las haciendas rurales. En ocasiones os tropezáis con rebaños comunales del Consejo, guardados por varios pastores. Entre los riscos y enfiladas, de tanto en cuanto, adivináis la silueta de los Guardas de Vecería recortadas contra el azul del cielo, siempre vigilantes y atentos a cualquier peligro que pudiese amenazar a las recuas y ganadería del Consejo de Vecería de Robleda.Tras una agradable jornada de travesía, comenzáis a dejar atrás el terreno más habitado de la Linde Este del Arroyosauce; atrás quedan las haciendas cercadas de las familias adelantadas y valientes robleñas. Frente a vosotros, el terreno se torna más áspero y salvaje, según los caminos se difuminan en la tierra, hasta desaparecer. Pronto, sólo vuestro sentido de la dirección os valdrá para alcanzar vuestro destino. El sol comienza a caer rápidamente a vuestra espalda, la noche se aproxima. Un lobo aúlla en la lejanía, luego otro...y un tercero más allá. Entonces, más cerca de vosotros, pero aún a una distancia considerable, un aullido poderoso, extraño y profundo, resuena entre las cañadas y las lomas del paraje, helándoos la sangre en vuestras venas.
Una leve brisa fresca se levanta desde el norte, trayendo hasta vosotros un fragante aroma a espliego y trigo salvaje. La luna comienza a despuntar, somnolienta, por entre los árboles de una cresta cercana. Próxima a vosotros, entre unas rocas que forman una especie de refugio recogido del viento, una pequeña vaguada se os antoja como un buen lugar para descansar y montar vuestro campamento para la noche que ya se os echa encima.