La Fortaleza de la Frontera
Pequeña introducción a la Fortaleza de la Frontera:
Tarmalac os cuenta que la Fortaleza de la Frontera era un viejo puesto de vigilancia adelantado, guarnecido por una tropa estable de Dragones. La fortaleza fue construida aprovechando una vieja construcción enana en el interior de una loma solitaria en la vertiente más septentrional del Valle Angosto de la Linde Norte, cerca del Bosque de la Araña. Fue, hace tiempo, batida por una enorme hueste orca, que tras días de asedio, consiguió tomar la pequeña fortaleza al asalto, asesinando a sangre fría a todos los supervivientes. La partida de guerra que se envió desde Ciudadela para asistir a la tropa asediada no pudo llegar a tiempo para salvar a los Dragones sitiados, tan sólo pudieron contentarse con dispersar a las huestes trasgoides, ocupadas ya en saquear lo que quedaba de Fortaleza. Después de aquello, se abandonó la vieja idea de pequeñas fortalezas de frontera aisladas para vigilar la Marca, a favor de patrullas móviles de vigilancia y partidas de guerra con Dragones Púrpura fuertemente armados.
Hay viejos caminos y veredas que conducen hasta las ruinas, pero -os advierte Tarmalac- son sendas peligrosas y poco transitadas. Uno debe andarse con sumo cuidado. Nunca se sabe que puede encontrarse en la siguiente colina, ni bajo ella.
Así pues decidís iniciar el viaje a la mañana siguiente, temprano, una vez acaricien los primeros rayos del sol la noble tierra de la Marca. El camino no será muy largo y puede que, a buen paso, en dos o tres días deis con vuestro huesos delante de los pañoles derruidos de la vieja y otrora orgullosa Fortaleza de la Frontera.
El tiempo es apacible y el camino bueno y bien cuidado. No en pocas ocasiones podéis ver en lontananza algunos pastores del Consejo con sus grandes rebaños. De seguro que los Guardas de Vecería no andarán lejos. Siempre próximos al ganado, salvaguardando a sus asociados. El día trascurre sin sobresalto y la noche rápidamente cae sobre vosotros. Las temperaturas caen abruptamente. Una fresca brisa sopla desde el nordeste.
La noche ha transcurrido sin sorpresas. Retomáis el camino, rumbo al norte, por otra jornada más. Vuestro ritmo es bueno, consiguiendo avanzar sin mayores impedimentos. Al atardecer del segundo día, cruzando un campo llano rodeado de colinas boscosas, un graznido atroz os hiela la sangre en las venas. Allá arriba, muy alto en el cielo, unas gigantescas criaturas vuela en círculo sobre vosotros.
DRACO, WYVERN O LA MUERTE DESDE EL CIELO (2)
DG: 7d12+14 (60 puntos de golpe). Iniciativa: +1 (DES). Velocidad: 20 pies, volando 60 pies (mala). CA: 17 (-2 tamaño, +1 DES, +8 natural). Ataques: aguijón +9 c/c, mordisco +4 c/c, alas +4 c/c, garras +9 c/c. Daño: aguijón 1d6+4 más veneno, mordisco 2d8+2, ala 1d8+2 o garra 1d6+4. Ataques especiales: veneno, agarrón mejorado, engarro. Cualidad especial: Dragón, olfato. Salvaciones: FORT +7, REF +6, VOL +6. Características: FUE 19, DES 12, CON 15, INT 6, SAB 12, CAR 9Habilidades: avistar +13, escuchar +13, moverse sigilosamente +9. Dotes: ataque en vuelo, alerta. VD: 6. Veneno: FORT CD 17 y daño inmediato 1d6 CON y 1d6 CON, daño secundario. Dragón: inmune a parálisis y dormir. Agarrón mejorado: para usar esta actitud el draco debe golpear con ambos ataques de garra.
Descripción: Una criatura enorme, como un gigantesco lagarto volador. La mitad del cuerpo de la criatura, que mide 30 pies de longitud, de color marrón oscuro, corresponde a la cola, que termina en un nudo de cartílago del que sobresale un enorme aguijón, parecido al de un escorpión. Sus correosas alas de murciélago tienen una envergadura de 50 pies. Sus enormes mandíbulas están repletas de afilados dientes y sus ojos son de un fiero color rojo incandescente. Carece de extremidades delanteras.
















