La Mansión de los Pulanti
Decididos a hacerse cargo de las tareas encomendadas -tanto por Galeon como Penélope-, nuestros aventureros comienzan a recopilar información acerca de los Pulanti. La vieja enemistad entre las dos familias -Kilarkarin y Pulanti- es la única pista fiable de la que disponen para encontrar a Albian. Tal vez los Pulanti decidieran quitarse de enmedio a la competencia, eliminando al heredero de Galeon. Por otro lado, la desaparición de la vida pública de los Pulanti, de un tiempo a esta parte, no hace más que incidir en la sospecha. Pero, ¿quiénes son los Pulanti?.
Hace cientos de años, los Pulanti se trasladaron desde Fronda (Viridistán) para buscar fortuna en la villa de Robleda. Aunque sus inicios como tratantes de ganado fueron difíciles, no tardaron en hacerse un hueco en el mercado y amasar una considerable cantidad de dinero. Dinero con el que pudieron adquirir una valiosa propiedad en la ribera del Arroyosauce.
Los Pulanti habían sido siempre una parte activa y respetada de la sociedad robleña, participando en todos sus órganos de gobierno, incluyendo el Consejo de Vecería. Famosas eran sus concurridas y animadas recepciones, así como sus decadentes fiestas y generosos ágapes. Pero, un buen día, y sin saber muy bien los motivos, los Pulanti, encabezados por el patriarca Osmond, comenzaron a recluirse en su lujosa mansión para, poco a poco, perder el contacto con el mundo exterior. Su boyante negocio de comercio de ganado languideció, hasta quebrar desatendido; así como, la otrora bella casa del río, perdió su brillo apagándose poco a poco fruto del descuido y la dejadez. Un buen día, según se supo después, se recibió una carta lacrada con el sello de los Pulanti en la casa del burgomaestre, advirtiendo a las autoridades robleñas del deseo de la adinerada familia de regresar a Viridistán y precaviéndoles para que, a la sazón, las autoridades guardasen sus propiedades manteniéndolas a salvo de intrusos y ladrones. Días antes, la oficina del almotacén registró el ingreso de una importante suma de dinero que serviría para costear la vigilancia y buen cuidado de los muros exteriores de la hacienda. Desde entonces, y de esto hace ya varios lustros, nadie más vio a un Pulanti paseando por Robleda. Aunque no son pocos los que afirman que, en las noches claras de plenilunio, se puede ver a gente paseando en el interior de la mansión y hasta velas que se encienden y apagan tras los gruesos cortinajes y las pesadas contraventanas. Sea como fuere, la gente ha empezado a evitar los alrededores de la villa, y corren por ahí todo tipo de habladurías y rumores sobre la maldición de la casa encantada de los Pulanti. Dice la gente, incluso, que los Pulanti nunca dejaron la villa y se mantienen ocultos en la casa conspirando contra sus enemigos.

















