14 de agosto de 2009

Los licántropos y los juegos de rol (parte 1 de 2)

Saludos lectores de la Marca. Como supondréis, este es el segundo artículo sobre criaturas sobrenaturales tocándole en este caso a uno de mis cambiaformas preferidos: los hombres lobo. En fin, antes de que esto degenere en una serie de chistes malos sobre si los podemos despistar lanzándoles un palo al aire o si se saludan meneando el rabo y oliéndose el trasero, veamos que nos tiene que decir mi muy estimado Sr. Magus sobre estas criaturas.



JUGANDO CON LA BESTIA: LICÁNTROPOS Y JUEGOS DE ROL

Así conoció la terrible historia del séptimo hijo de un pastor protestante, que en las noches de luna llena se convertía…al budismo.”

-Les Luthiers



Desde los orígenes de la humanidad, las diversas culturas han dispuesto de numerosos cuentos, leyendas y relatos mitológicos en los que animales muy diversos mostraban inteligencia y capacidad para hablar, hombres y mujeres que podían convertirse en animales, y animales que podían adoptar forma humana. Entre ellos, los más conocidos en el mundo occidental son los licántropos u hombres lobo, aunque otras culturas han dado vida en sus mitos a otras clases de teriántropos: (hienas, panteras, tigres, coyotes, delfines, serpientes, tejones, zorros, etc.).

Muchas de las criaturas mitológicas grecorromanas y de otras culturas mezclaban la forma humana con animales. Algunas veces se trataba de criaturas únicas (como el minotauro), mientras que otras eran mucho más numerosas (centauros, sátiros, etc.). En ocasiones varios animales tienen un origen motivado por la intervención divina o una maldición de los dioses (la perdiz, los delfines, etc.). En lo que se refiere a los hombres lobo, el historiador Herodoto habla de una tribu de la antigua Escitia que podían convertirse en lobos; el rey Licaón es castigado por los dioses por comer carne humana y es convertido en lobo. Otros autores griegos y romanos tenían sus propias historias sobre hombres lobo, como los pueblos célticos y otras culturas vecinas.



Desde la antigüedad la licantropía estaba asociada a un elemento negativo: el lobo era un competidor y una amenaza para los pueblos de cultura pastoril, que en la antigüedad eran muy vulnerables a sus depredaciones. Esta connotación negativa se acentuó con la llegada del cristianismo, que relacionó la figura del lobo con el diablo, opuesto al cordero que simbolizaba a Cristo. En el folklore popular la figura del lobo aparece asociada a un depredador brutal y descontrolado. Prácticamente todos los países europeos poseen leyendas sobre personas condenadas a vivir como lobos por diversas razones: algún crimen impune o una maldición, así como historias sobre personajes diabólicos o directamente demonios que toman forma de lobos para cometer sus fechorías. Personas mordidas por lobos, los hijos de violaciones, excomulgados, séptimos hijos y otros también eran considerados susceptibles de heredar la maldición. Otras personas, no obstante, buscaban transformarse en lobos adorando a las fuerzas de mal y mediante rituales y hechizos.

Respecto a la metamorfosis del hombre lobo, los relatos son muy diversos. Con frecuencia el hombre se convierte en lobo, de forma temporal o permanente, en otras ocasiones es un lobo el que adopta forma humana para camuflarse entre los hombres. Otras veces se realiza algún hechizo o se utilizan diversos métodos para provocar la transformación. En ocasiones el hombre lobo queda en estado de coma mientras su alma sale de su cuerpo en forma de lobo, etc.

Sin embargo, como ocurre con otras criaturas malignas, el poder del hombre lobo no es absoluto, sino que se encuentra limitado por varias debilidades, como la vulnerabilidad al acónito o la belladona (una planta que supuestamente brotó de la baba del Cancerbero cuando fue sacado del Hades por Hércules). Otra vulnerabilidad muy extendida es la plata, aunque realmente no sería añadida hasta el siglo XIX. Otras protecciones bizarras también eran recomendadas, en ocasiones confundiéndose con la protección frente a otras criaturas, especialmente los vampiros, con los que en ocasiones eran confundidos. Para curar la licantropía griegos y romanos consideraban que la víctima debía ser sometida a intensos esfuerzos físicos hasta la extenuación, los árabes confiaban en la cirugía para la cura de la licantropía, y la iglesia en los exorcismos.

Como dato curioso, la creencia en la “maldición del séptimo hijo” estaba tan extendida, que el norte de Argentina los séptimos hijos eran frecuentemente abandonados, cedidos en adopción o asesinados. Un decreto-ley de 1920 convertía oficialmente al presidente de Argentina en el padrino oficial de cada séptimo hijo, proporcionándole una medalla de oro en su bautismo y educación hasta los 21 años. Esta medida acabó con la práctica de los abandonos, aunque todavía persiste la tradición de que el presidente apadrina a los séptimos hijos.

Existen algunas raras excepciones en la asociación de la licantropía y el diablo. En 1692 un hombre llamado Thiess, de Livonia testificó bajo juramento que él y otros hombres lobo eran los Sabuesos de Dios, que bajaban al infierno para luchar contra brujas y demonios y se aseguraban de que el diablo y sus servidores no llegaran en gran número a la Tierra. Thiess afirmaba que otros hombres lobo en Alemania y Rusia también combatían contra los servidores del diablo, e insistió en que cuando los hombres lobo morían sus almas eran bienvenidas en el cielo como recompensa por sus servicios. Thiess fue condenado por las autoridades livonias a diez latigazos por idolatría y creencias supersticiosas.


LOS LICÁNTROPOS EN LA LITERATURA

Como se ha mencionado, ya desde época clásica autores como Herodoto, Petronio y Ovidio hablan de personas que podían convertirse en lobos. Plinio el Viejo también cuenta varias historias en las que asocia la licantropía a determinados lugares de la región griega de Arcadia.

Pero sin duda el mayor repertorio de historias de hombres lobo se encuentra en el folklore popular: oik (Albania), mardagayl (Armenia), loup-garou (Francia), lycanthropos (Grecia), lobishome (Galicia), vaukalak (Rusia), Werewolf (Inglaterra)…la lista puede ser interminable. En la mayoría de las tradiciones europeas estos relatos hablan de hombres malvados que aterrorizan a la gente bajo la forma de lobos inspirados por el Diablo, aunque también existen relatos de transformaciones involuntarias.

En sus sagas y relatos mitológicos, los vikingos también presentaron casos de licantropía, y en especial a los berserker, guerreros que se vestían con pieles de lobo y que supuestamente canalizaban los espíritus de estos animales para resistir el dolor y aumentar su ferocidad en batalla, como bestias salvajes. A menudo los berserker están asociados con el dios Odín.

En los romances medievales como “Bisclavret” y “Guillaume de Palermo”, el hombre lobo aparece como una criatura relativamente benigna, la víctima de un hechizo o magia, y que ayuda a los caballeros errantes en sus búsquedas. Sin embargo, sobre todo por influencia teológica, en la mayoría de las historias aparece como criatura demoníaca, enemiga de la raza humana y con instintos caníbales o violentos.

Desde el siglo XVI hubo juicios a varios “licántropos” en Francia. En algunos casos había evidencias claras de que los acusados habían realizado asesinatos y canibalismo. Otros informes hablan sobre ataques de lobos monstruosos que devoraban seres humanos. El caso más conocido se produjo entre 1764 y 1767, cuando una criatura llamada “la Bestia de Gévaudan” asesinó a 80 hombres, mujeres y niños. La criatura fue descrita como un lobo gigante por el único superviviente de los ataques, que dejó de matar después de que se realizaran varias batidas contra los lobos del lugar.

En el siglo XIX las historias folklóricas sobre la licantropía comienzan a aparecer en la literatura de la época. Una de las primeras es “Hugues, the Wer-Wolf” (1838) de Sutherland Menzies, que comienzan a presentar la historia clásica de un hombre maldecido a convertirse en hombre lobo durante la luna llena. Otros ejemplos son “Wagner the Wehr-Wolf” (1847) de G.W.M. Reynolds, “El líder lobo” (1857) de Alejandro Dumas y “Hugues le Loup” (1869) de Erckmann-Chatrian.

Aunque no muestra de forma directa la figura del hombre lobo, la famosa novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” (1886) de Robert Louis Stevenson, trata de forma implícita el tema de la licantropía, de acuerdo con algunos comentaristas, bajo un trasfondo científico en el que se muestra un cambio de personalidad producido por la liberación de los instintos primarios y bestiales del ser humano.

Durante el siglo XX el hombre lobo y la licantropía se convirtieron en temas de numerosos relatos e historias cortas en Inglaterra y Norteamérica. Entre los autores de este período destacan Algernon Blackwood, H. Warner Munn, Seabury Quinn y Manly Wade Wellman, muchos de cuyos relatos fueron publicados en revistas de ficción pulp.

La novela de hombres lobo más destacada del siglo XX ha sido “El Hombre Lobo de París” (1933), de Guy Endore, que muchos consideran que se trata de la obra de ficción por excelencia sobre la licantropía, y en varios aspectos el equivalente de “Drácula” para los hombres lobo.

Desde entonces la figura del hombre lobo se ha convertido en una figura habitual en la literatura de terror y en los últimos años ha adquirido rasgos más realistas y “humanos”. Con el auge del ecologismo y otros ideales medioambientales el hombre lobo ha pasado a ser considerado como una representación de la humanidad asociada estrechamente con la naturaleza. En “The Wolfen” (1978), de Whitley Strieber, los hombres lobo aparecen como depredadores naturales de la humanidad, controlando su población ahora que se ha apartado de los límites tradicionales de la naturaleza. En “The Wild” (1991) el hombre lobo es representado como un intermediario capaz de unir de nuevo la inteligencia y el espíritu de la humanidad con la naturaleza. El “hombre lobo heroico” también ha aparecido mediante el género del “romance sobrenatural”, que muestra relaciones amorosas, sentimentales y sexuales con criaturas sobrenaturales. Entre los relatos modernos tiende a abandonarse el tema de la licantropía como maldición y el hombre lobo se convierte en una raza separada o que hereda genéticamente su condición. Sin embargo, a pesar del reciente retrato de los hombres lobo como héroes, la representación de los licántropos como bestias monstruosas todavía sigue siendo popular, especialmente en el cine.


LOS LICÁNTROPOS EN EL CINE Y LA TELEVISIÓN

La primera película que mostró a un hombre lobo como una criatura híbrida con rasgos de hombre y de lobo fue “El Hombre Lobo de Londres” (1935), que introdujo el canon de que el hombre lobo siempre mata a sus seres queridos. El hombre lobo de la película es un apuesto científico que conserva la mayor parte de sus rasgos humanos tras la transformación, ya que el actor Henry Hull no deseaba pasar por largas sesiones de maquillaje.

Sin embargo, la película que marcó la mayoría de los estereotipos cinematográficos sobre la licantropía sería “El Hombre Lobo” (1941), protagonizada por Lon Chaney Jr. Este hombre lobo disponía de un maquillaje y caracterización mucho más elaborados, y serviría de modelo para películas posteriores. Es en esta película donde se representa por primera vez la vulnerabilidad a la plata del hombre lobo cinematográfico. En “La Maldición del Hombre Lobo” (1961) (una adaptación de “El Hombre Lobo de París”) Clifford Evans heredaba la maldición tras haber nacido de una madre violada.

La marca del hombre lobo” (1968) fue la primera interpretación de Paul Naschy (el símbolo por excelencia del cine gótico y de monstruos español, con justo reconocimiento internacional) como el licántropo Waldemar Daninsky, que daría lugar a una serie de secuelas en las que el enfrentamiento entre vampiros y hombres lobo suele destacar en la trama.

En general en las películas clásicas de esta época el proceso de cambio de forma resulta difícil y doloroso, y la criatura resultante habitualmente es astuta, brutal y propensa a matar a la gente sin compulsión, al margen del carácter moral de su forma humana. A menudo muestran una gran resistencia o inmunidad al daño de armas ordinarias y sólo son vulnerables a objetos de plata, cuyo contacto en ocasiones basta para quemar la piel de los hombres lobo.

En la década de 1980 comienza un proceso de “actualización” de las figuras clásicas del cine de terror y el hombre lobo no permanece ajeno a este cambio. Por primera vez en “Aullidos” (1980) la figura del hombre lobo, aunque conserva su aspecto humanoide, adquiere una cabeza completamente lobuna. En un tono más paródico, las dos películas de “Teen Wolf” mezclan la licantropía con el cine adolescente de la época. “The Company of Wolves” (1984) (basada en una historia de Angela Carter de 1979) realiza una ingeniosa interpretación del cuento de Caperucita Roja, relacionándolo con la maldición de la licantropía y sirviendo como trasfondo para diversas historias sobre hombres lobo. “Ginger Snaps” (2000) también interpreta este cuento desde una perspectiva sexual y como analogía de la pubertad. La visión del hombre lobo como asesino en serie y depredador sexual aparece perfectamente reflejada en “El bosque de lobo” (1970) y “Romasanta. La caza del lobo” (2006), ambas basadas en el caso real de un asesino en serie del siglo XIX.

El licántropo ha continuado apareciendo en películas muy diversas, bien en papeles secundarios o bien en su papel clásico como monstruo protagonista.

Desde sus inicios, los juegos de rol, comenzando por Dragones y Mazmorras, utilizaron la mitología de diversas culturas como inspiración para sus monstruos y criaturas. Los teriántropos, en sus diversas variedades, hicieron acto de presencia. Los hombres lobo en particular se convirtieron en monstruos de naturaleza maligna. Posteriormente, en algunos juegos comenzó a introducirse la posibilidad de jugar con hombres bestia como personajes jugadores: los hombres mantis del universo de Dark Sun, los extraterrestres Vorox de Fading Suns, o Usagi Yojimbo, donde se presenta un mundo japonés-feudal habitado por animales antropomorfos, etc.

Sin embargo, siguiendo su tendencia de convertir en protagonistas a las diversas clases de monstruos y criaturas mitológicas, y tras el éxito de Vampiro: la Mascarada la editorial White Wolf presentó en 1992 como la segunda de sus líneas de juego…

(Continuará)

1 comentario:

  1. Anónimo15/8/09 4:23

    Madre mia, esto si que es una articulo extenso. Bien es cierto en vuestro blog, que una imagen vale mas que mil palabras. Pues cuando no hay imagenes, poneis su equivalente en frases. Afortunadamente, de buena calidad. Seguid con esos articulos (y yo apuntaria por tomar ademas otras tematicas, ademas de la fantastica).

    Por cierto, a ver si reseñais al capitan alatriste jdr, creo que no lo he visto por aqui

    ResponderEliminar