5 de diciembre de 2012

Llamadme Ismael

Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto tiempo exactamente-, con muy poco o ningún dinero en el bolsillo, y sin nada en tierra que me interesara, creí que podría ir a navegar por ahí y ver la parte acuática del mundo. Es mi modo de ahuyentar la melancolía y regular la circulación. Cada vez que me sorprendo con una expresión de tristeza en la boca que va en aumento; cada vez que un húmedo noviembre de lloviznas anida en mi alma; cada vez que me descubro deteniéndome involuntariamene ante las tiendas de ataúdes y siguiendo cualquier funeral con que me encuentro; y especialmente si la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un sólido principio moral para no salir  a la calle  a derribar metódicamente los sombreros de los transeúntes, entonces, comprendo que ha llegado la hora de hacerme a la mar cuanto antes. Este es mi sustituto para la pistola y la bala. Con una floritura filosófica, Catón se arroja sobre su espada; calladamente, yo me subo a un barco. En esto no hay nada sorprendente. Aún sin saberlo, cualquier hombre que se precie, en alguna que otra ocasión, abrigaría sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano.

Quizás el más bonito inicio de un libro jamás escrito. Sí, pues el fragmento que acaban de leer corresponde al primer capítulo de Moby Dick, mi libro preferido de todos los tiempos. Creo que nuestra filosofía de vida queda recogida entre esas páginas, pues cada capítulo de esta excelsa obra es un fino estudio del hombre como tal y su condición. Es una maravilla de muchas facetas que puede interpretarse de muy diversas formas, tal es su complejidad y profundidad. Especialmente brillantes resultan algunas disgresiones que introduce el autor, ya sea sobre cetología o religión. Pero lo que verdaderamente me fascina es la perenne sensación de fatalidad inminente, misterio y terror que permea algunos pasajes brillantes. Pareciera que el Pequod, al mando de Ahab, si cabe uno de los personajes literarios más perfectamente descrito, fuera ya desde antes de echarse a la mar un enorme feretro enjaezado cual caballería -de jinete pálido cuyo nombre es Muerte- de velas, jarcias y estachas. Imaginen este gigantesco ataud surcando la más grande tumba de la Humanidad en pos de un demonio de color blanco. Pues, ¿no son los océanos enormes tumbas acuáticas que custodian muertos por millares? Sí, y en el mar acabamos nuestra vida, regresando a sus aguas. Decía yo que vivir es un eterno regreso a casa, y la única casa de todo hombre es la Muerte, porque es la única e implacable certeza que nos regala nuestra existencia. Antes o después volvemos a la mar, y sobre nuestros huesos blanqueados navegará el Pequod. ¿No somos nosotros, entonces, Moby Dick?, ¿ no es Moby Dick la Muerte que vive en una inmesa tumba de agua? Claro que sí...

Por todo ello, esta novela es una de las obras cumbre de la literatura universal. Una vez que la lees, es imposible olvidarla. Yo la releo cada año en verano y especialmente cuando siento el impulso de lanzarme a la calle a golpear sistemáticamente los sombreros de los transeúntes; cuando un noviembre lluvioso y húmedo anida en mi alma... Cada vez me cuesta más darle sentido a todo.

Domine, Iesu Christe, Rex gloriæ, libera animas omnium fidelium defunctorum de poenis inferni et de profundo lacu.

El pasado vuelve a buscarnos, desde el Abismo. Y la memoria nos rescata maravillosamente de lo vivido para ver lo que está por venir. Vivimos lo que hemos visto ayer.


Miren que curioso homenaje, porque supongo... estoy seguro, es un bonito homenaje. A la izquierda Barrowmaze y a la derecha La Ciudad Perdida. Más de veinte años los separan. Y todo vuelve a empezar. Preciosa coincidencia y homenaje sentido.

5 comentarios:

  1. Seguramente sea cosa mía pero últimamente noto que a sus entradas, Sr. Steinkel, las envuelve un oscuro halo de necrofilia (entendida como atracción hacia la muerte o alguno de sus aspectos). Que si serial killers por aquí, que si infiernos y funerales por allá. El de hoy, por ejemplo, para llegar a su final, que es hacernos apreciar un inocente homenaje entre módulos, primero nos hace enrolar en el Pequod, barco maldito con final funesto donde los haya. En fin, porque sabemos que no se gana la vida como corredor de seguros pero casi que parece que nos estuviera mandando mensajes subliminales para contratar un seguro de vida. :D

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  2. Me encanta tu reflexión Steinkel; como tu bien dices, todos los estudios de Cetología, Religión, Antropología... no son más que intentos vanos de descubrir el enigma imposible de la ballena blanca, que es el enigma imposible de la muerte. Un abrazo

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  3. Call me Ishmael....¡Aquí solo puedo coincidir contigo Steinkel! Aunque mi preferido siempre fue la "Isla del Tesoro" de Stevenson (Ya sabes, "Quince hombres junto al cofre del muerto /¡Yo-jo-jo! !Y la botella de Ron!/ ¡El Ron y el Diablo hicieron al resto!...") Ni que decir tiene que entre mis libros de cabecera figura el clásico de Melville, junto a otros libros de aventuras en alta mar...Y es que más de una vez me he embarcado en el "Pequod",o en "La Española" o en la "We´re Here"...

    :D

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    1. Otro libro que siempre digo que tiene que caer su lectura.

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  4. Pues despues de leer la entrada tengo que decir que me ha picado el gusanillo de leer Moby Dick, siempre he sido un poco de piñón fijo, como de pequeño te hacían leer libros de forma obligada los terminé por odiar, hasta que leí con 12 años el hobbit, ese me encantó al par de años en 1º de B.U.P. me invitó un amigo a una partida del AD&D, fue tal la inmersión que cuando terminó la partida no me podía creer que hace un momento estábamos matando goblins y no en la cocina de su casa. De ahí pasé a la Dragonlance, Forgottem etc. etc. pero un día sin nada que hacer le cogí a mi madre YO CLAUDIO, pensaba que no me iba a gustar nada ya que tenía en mente la antigua serie que era un poco lenta... vaya que si me gustó, desde esa fecha siempre me pregunto sobre películas que hay que me parecen geniales, Moby Dick, cualquiera de Julio Verne, El Conde de Montecristo y me pregunto... seguro que los libros tienen que estar geniales, pero por falta de tiempo no termino de arrancar... vamos que muchos me crucificarán, llevo como 4 años con el primero de Juego de Tronos... claro entre medias terminé una carrera por hobby y ahora con el pocoyo que tengo en casa no puedo hacer casi naa, eso si, la caja verde es un regalo de mi mujer para mi, y ese es mi regalo para mi hijo, prepararle un módulo sencillo que cuando tenga una edad pueda disfrutar de jugar a rol como siempre he hecho. Uff me he extendido demasiado :)

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