4 de octubre de 2014

Veinte años más tarde

Hace mucho, mucho tiempo, en una lejana ciudad...

Un chico caminaba por la calle Cruz de Madrid. Se detuvo ante una marquesina roja, mientras embobado miraba el escaparate. Resuelto, se aprestó a entrar en el local. Dentro encontró baldas y estanterías repletas de juegos y otras docenas de cosas diversas: muñecos, comics, revistas, juguetes. Al fondo de la tienda, subiendo unas escaleras, había una pequeña sección de juegos de rol, colocados casi a la altura del suelo. Rebuscó hasta dar con una caja que llamó poderosamente su atención. Era una caja negra, de tamaño medio, muy parecidas a las que ya atesoraba de su amado D&D. En la portada podía verse un grupo de soldados estadounidenses, enfrentados al lector; tras ellos un poste de señalización, destrozado, marcando la distancia a la ciudad de Krakow (Cracovia). El chico compró la caja sin dudarlo. No era la primera vez que acudía a aquel lugar para comprar, ya antes había adquirido cosas similares, cajas también, como la de un juego con el nombre de RuneQuest, u otra de Marvel Super Heroes (la versión avanzada, de la casa TSR).

Pero este nuevo juego prendó al muchacho, que no tardó, ya de regreso al colegio (por aquel entonces, vivía interno en un colegio a las afueras de la ciudad), en zambullirse en el reglamento y organizar alguna que otra partida. Disfrutó sus meses y, algo después, por avatares del destino y otras razones que no es necesario detallar aquí, la preciada caja negra se perdió para no volver a ser hallada.

Pero el muchacho no olvidó, y durante mucho tiempo mantuvo la esperanza de recuperar lo extraviado, o al menos encontrar otro ejemplar que pudiera reemplazar aquel. Pero la vida fluye, sin detenerse, y otras muchas cosas acontecen. Y cuando uno viene a darse cuenta, ya han pasado 20 años. Pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena. Y no es que el muchacho, ya hecho hombre, no dispusiera de oportunidades para comprar la caja en todos estos años, pero lo fué dejando pasar. Hasta que recientemente, según me cuenta, ha tenido la oportunidad de hacerse con una en buen estado, además de 20 suplementos para el juego en magníficas condiciones. Y veinte años después, ya tiene en su colección la caja básica de uno de sus juegos más queridos, el juego de su juventud, junto a D&D, RuneQuest, Ragnarok y Marvel Super Heroes. Ahí es nada. Sí, una lista variopinta, se dirán... En fin, el chico es que siempre fue raro.

Les dejo las fotos que me ha enviado:

¡Qué bonita caja!



Y un buen puñado de suplementos.


Aquí los tienen.


Están casi todos.


Estas tres aventuras, me dice mi amigo, pudo jugarlas juntas. De hecho están diseñadas para jugarse combinadas. Son auténticos clásicos. Una gozada.


Más y más suplementos.





Ah, al salir de la tienda de la marquesina roja, el chicó no pudo evitar fijarse en otra tienda, cruzando la calle, en cuyo escaparate, tan abigarrado como el de Arte 9, había una exposición de armas orientales, incluyendo estrellas ninja. El chico volvió por allí al poco, y en esta ocasión entró en la extraña tienda oriental, y vivió allí singulares aventuras. Pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión...

3 comentarios:

  1. Acabo de darme cuenta de que llevo años sin pasarme por la tienda de la calle Cruz... ay... cómo pasa el tiempo.

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