5 de julio de 2015

Stella Adler en Galileo

La bella Stella, musa del rol indie

Yo aprendí a jugar jugando, como aquel que dice. No leí reglamento alguno, ni recibí sesudas sesiones de aleccionamiento militar: simplemente me sentaron a la mesa y comencé a jugar. Es tan sencillo, que muy pronto ya sabes de qué va todo. Y más tarde te lees los manuales y completas las posibles lagunas, dudas y demás. Ya está. Así de sencillo. Recuerdo entonces que para mí era como jugar al Imperio Cobra pero sin tablero. Uno sólo tenía que hacer por imaginarse a los hombres serpiente en su misterioso templo de la Isla Cobra, o el cíclope de la selvática Khytya, o cómo diántre sería encontrarse al gran dinosaurio del abrasador desierto de Vendha. Era jugar sin el tablero colorido, sustituyendo todo esto por la imaginación. Algo que, como zagales, hemos hecho desde bien temprana edad, y que nos resulta natural, a poco que se intente. No hay misterio en ello.

Así con todo, comenzamos a jugar a rol, a nuestro amado D&D, y hacíamos otras muchas cosas, no sólo rol, por supuesto, jugábamos al fútbol, a darnos mamporros, a correr y trotar por ahí, a las cartas y juegos de mesa, tontear con las chicas. En fin, lo normal en zagalones. 
Luego los juegos de rol comenzaron a diversificarse, llegaron nuevos reglamentos y nuevos jugadores, no muchos la verdad. Con cada novedad, aparecían los teóricos, cada día más misteriosos, dando a entender cosas recónditas donde no las había. Para este tipo de personas, jugar a rol era como una especie de rito oscuro y complejo, que precisaba de especiales condiciones y aptitudes. Algunos se travestían de lo que no era, como esos moteros de fin de semana que se echan encima del traje parches y cueros, para montarse en la moto reluciente de cromados y accesorios. Y luego resulta, que te acercabas con disimulo a las mesas de juego donde estaban los iniciados molones, con sus vampiros de medio pelo, y lo que hacían era exactamente lo mismo que nosotros, salvo que tiraban muchos más dados. Y aún así, nos miraban por encima del hombro. Pero bueno, nosotros continuábamos imaginando nuestros sencillos pasadizos con esqueletos y trampas de pinchos, a lo nuestro. Cuando alguien se acercaba, simplemente lo sentábamos a la mesa con nosotros y lo poníamos a jugar. Otros no lo hacían así, poco menos debían de superar los doce trabajos de Hércules para ser aceptados. Y podías flipar si escuchabas lo que para muchos significaba jugar a rol, como algo sólo apto para una selecta minoría, cultivada y chachi. Aunque era fachada, porque muchos de ellos eran unos iletrados zoquetes, que se creían mejor que tú, una especie de sir Laurence Olivier del rol, con su aura de teatrillo improvisado.

Y así estuvimos mucho tiempo, a pesar de que los mostrencos sectarios eran minoría, y todos los demás, jugando a lo que se diera, sin distingos ni reparos, estaban en nuestra línea, jugaran a Vampiro, D&D o el sursum corda. Nadie te hacía pasar exámenes, nadie te consideraba más avispado, guay o inteligente por jugar a rol. Nadie hablaba de cultura, arte y demás cuando jugábamos, ni te daba lecciones de literatura clásica, ni te obligaba a estudiar el método Stanislasvki, como una Stella Adler de trapillo. Coño, yo he tenido jugadores en mi mesa que no se han leído una novela en su vida, y jugaban mejor que muchos eruditos melenudos que te daban la brasa con historias peregrinas de mear y no echar gota. El caso es que nosotros respetábamos a todo Dios, y teníamos que aguantar esa incipiente camarilla de jugadores endiosados y teóricos minusvalorando tu diversión.

Luego llegaría la Red de Redes y la cosa fue a peor, porque aquellos que más descollaban entre los despabilados, se juntaron en oscuros cenáculos, a tirarse los trastos a la cabeza, como habían hecho antes en los subterráneos de las incipientes tiendas especializadas. Recuerdo con pavor las discusiones bizantinas en el sótano de la primigenia Generación X de Galileo. Y aún hoy siguen así, aunque todo más chachi piruli, internacional y mostrenco a su manera. Ahora todo es arte y poesía, cultura guay, espíritu zen y hipsterismo de pijama y orinal. Pero bueno, ¿saben una cosa? Es más de lo mismo, y los que llevamos aquí ya su tiempo, lo hemos visto todo ya. ¿Y quieren saber otra cosa? Esta es la actitud, la vieja e infame pose, que nos ha dejado en el minúsculo nicho que hoy aún ocupamos. Ése aire altivo y misterioso en el que muchos se han envuelto para jugar a rol, que es un juego en esencia tan sencillo como el parchís, sino más. Y seguimos erre que erre. Aún intentando explicar lo que es. ¿Cuántas veces hemos atendido a la típica conversación donde otro aficionado trata de explicar todo esto a un lego y nos hemos echado las manos a la cabeza de puro asombro? A mí todavía me pasa. Me pasa sí, cuando leo las idas y venidas de los teóricos, hoy y mañana: el Big Model, la Teoría de los Canales o la Escuela de Turku, el sempiterno Baker y el D&D que nos es un juego de rol, entre los más recientes hits chorras. Y les voy a decir más, porque lo he vivido y lo sigo viviendo (ahora lo podemos ver en directo, con los nuevos hang outs), al final, todos estos juegan a lo mismo, y hacen las mismas cosas que hacíamos hace 20 años, salvo que lo hacen envueltos aún en el paño del púlpito, como aquellos bizantinos encocorados de los oscuros y apestosos sótanos de las tiendas especializadas de los 90.

Cada vez que escucho lo de la GNS esa saco la pistola.

Y como ejemplo de lo que digo (hay muchos más en la Red, diariamente y en esta misma línea), aquí tienen el extracto, sacado de un artículo que me llega en G+, donde un gachó nos trata de explicar de qué va esto del rol o no sé qué. Literal:

Imaginemos que este mundo es una gran partida de Rol, despiadada e inclemente, donde un máster endiosado teje una partida tan conceptual como la vida misma. En esta línea de pensamiento, no podemos afirmar que el máster sea omnipotente, sino, en todo caso, es un súbdito plenipotenciario de unos hados más superiores que él. Estos hados, tan terriblemente poderosos son, que limitan los poderes delTodopoderoso, otorgando sentido a una frase como ésta que a mentes pardas parece del todo incongruente.
Los hados representan el 'manual de juego' de Dios, ellos son ineluctables, incorruptos y se hacen llamar Física y Química en su profundidad más indescifrable. Ambos hados juzgan, rechazan o consienten las veleidades de un Dios, basándose en la Lógica. Una lógica que, para mayor escarnio, representa una Deidad dogmática -Y suprema- creada por estos mismos hados.

¡Que los hados nos cojan confesados! La historia se repite, llevamos 20 años dando vueltas en círculos y todavía no hemos abandonado los subterráneos. Nos pudrimos en el nicho, cual vampiros. 

17 comentarios:

  1. El Rol es cómo el parchís, Pero al revés....

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  2. Afortunadamente, hoy en día existe G+ y Hangouts. Así podemos ver "aplicadas" estas sesudas teorias sobre como se debe jugar a rol...

    Para comprobar como bien dices, que están jugando a lo que juega todo el mundo, solo que ellos piensan que lo hacen más "guay" que los demás.

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  3. No he podido terminar de leer el ejemplo porque me ha chirriando y he hecho una lectura diagonal.

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  4. Que cada perro se lama su ciruelo :-)

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  5. A mí me gusta leer "teoría del rol", pero estoy convencido de que se puede disfrutar de los juegos de rol sin saber ni una palabra de GNS, big model ni nada. Es como disfrutar de un libro sin haber estudiado nada de narrativa, haber ido a un taller de escritura ni nada.

    Jugar al rol es sencillo; todos lo hemos hecho de chicos. A partir de ahí, a cada cual se le puede ir la olla como quiera. Pero sí, el sentimiento de superioridad de algunos y su convencimiento de que esto es como una ciencia secreta al alcance de unos pocos... no lo veo positivo.

    Yo creo que lo mejor es jugar. Yo cuando he sido más feliz con el rol es cuando he jugado mucho, con amigos y una buena serie de aventuras.

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  6. ¡Parchís adyecto de la mente! :P

    (Una definición del rol que leí por ahí pero que no recuerdo ahora donde...)

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  7. a veces se le quiere dar una trascendencia al hobbie que lo que hace es convertirlo en algo más sectario, como bien dices.

    Quizás es que somos una comunidad que habla mucho sobre rol y no juega ya tanto como quisiese y le busca los tres pies al gato.

    saludos

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    1. Exactamente, hay que desdramatizarla, tratarla como una afición más, lúdica y festiva, sin tanta teoría y misterio, sin poses ni carnets.

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  8. Creo que se puede decir más alto pero no más claro.
    También lo he vivido y me agrava la úlcera. La teoría es interesante, me gusta leerla, pero no se puede convertir en texto sagrado. Con el rol pasa como con las religiones, de una idea sencilla se escriben biblias que encadenan a la humanidad.
    Enhorabuena.

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  9. El problema a mi parecer es que se piensa mucho sobre rol y se juega poco. Gygax cuenta en un Respuestas y Preguntas que los inicios de su megadungeon (en el periodo de ensayo y diseño de las reglas del futuro D&D) introducia a los nuevos jugadores diciendoles que iban a jugar a un juego que consistia en matar monstruos y conseguir tesoros.
    Bueno, bonito y sencillo.

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  10. Estimado Sr. Gil, coincido con usted en gran parte de su discurso: el postureo superfluo e innecesario suele ser un lacra en cualquier disciplina.

    Aun así creo que buscar nuevas vías y enfoques en el hobby que compartimos siempre es enriquecedor. Luego ya cada uno se arrima al árbol que mejor sombra le da.

    Por otra parte, a mi parecer, de su texto se puede sustraer cierto tono de pataleta, a lo abuelo cebolleta o Perez-Reverte, como quien arrastra un trauma infantil porque los “zagales molones” no le dejaban jugar con su grupo “molón”.

    Supongo que en el rol, como en otros muchos ámbitos se pueden dar ese tipo de discriminaciones. Es elección de uno mismo manejarlas con más o menos soltura (sobretodo a ciertas edades).

    Respecto a la GNS (que tiene de todo menos moderno, unos 20 años lleva rulando por la “Red de Redes”), es un texto dirigido a los diseñadores de juegos, no a los jugadores ni directores de juego, que poco podrán extraer más allá de conocimiento teórico sobre, valga la redundancia, una teoría clasificatoria del rol.

    Personalmente yo sí me dedicó al diseño de mecánicas para juegos y en ese sentido la GNS y otros textos teóricos sí que me han resultado de ayuda o inspiración. Entiendo que para otros “creadores” es suficiente con un “copia-pega” de sistemas ya creados. Eso o contratar a alguien para que le cree un sistema.

    Y aunque usted no lo crea, incluso el parchís tiene una gran labor de diseño a sus espaldas. Menospreciar estos conocimientos teóricos del diseño lúdico (que es lo que parece se extrae de su disquisición) es ignorar una labor fundamental (Mr. Gygax seguramente recibió los mismos ataques de los wargamers tradicionales cuando se le ocurrió que sus muñequitos podían hablar entre ellos).

    Pero para que vea que en realidad no pensamos de formas tan distintas sólo diré una cosa más: lo importante es divertirse (para eso se juega) y cada uno sabe como se divierte. Algunos practican actividades genocidas en en recónditos entramados subterráneos, otros narran las tormentosas desventuras de monstruos románticos e incluso están los que fantasean con ucronías protofascistas en un futuro próximo.

    No importa de que sabor sea el helado. El chocolate siempre es el mejor.

    Larga y próspera vida.

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    1. No me llames de usted, Manuel, que me haces sentir más viejo de lo que soy.
      Nada que objetar a lo que comentas. En realidad nunca me sentí discriminado, pero bueno, eso no creo que sea relevante.
      Lo que toca a la GNS, pues me parece estupendo, y lo respeto, una teoría tan útil y práctica como cualquier otra, siempre que no pretendan que la asimile como dogma de fe, que más de uno ya lo ha intentado, desde el "postureo" del que hablábamos, y es en realidad de lo que me quejo.

      Tienes razón, hay algo de pataleta en mi discurso, pero bueno, no dejar de ser mi opinión personal, que vale tanto como la de cualquier otro.

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    2. Al final todos somos hijos de un mismo Dios.

      Cthulhu ;)

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  11. A mi modo de ver se mezclan dos temas en su reflexión, uno de índole personal, y que atañe a sus filias y fobias, a experiencias traumáticas, oscuros sótanos húmedos plagados de velas y olor a incienso, y otro a los sistemas y juegos de nueva factura, algunos con la osada idea de, incluso, prescindir de la mínimamente pudorosa tirada de dados.
    En la primera parte, la referida a la elites, creo que es un tema puramente subjetivo, y si bien es cierto que son elites, en el sentido exclusivo del término, no son jerarcas, ni siquiera creadores de opinión, al menos no más que cualquier otro al que alguien quiera escuchar, como yo.
    No son las cavernas las que impiden entrar a nuevos jugadores al mundo del rol, son otras cosas más mundanas, de las que ni siquiera es culpable el Asesino del Rol que tanto gusta a la prensa. No me meteré en ese pantano ahora.
    El tema es que, como en todas partes, siempre ha habido Justin Bieber del rol, y clasistas de los dados, incluso en d&d, personas capaces de recitar la página 103 del manual de monstruos de la 6º edición de 1996 (si existe, cosa que desconozco), convirtiendo eso en una deprimente y exclusiva fuente de autoestima, y a veces pueden, en medio de una partida, sin moderneces, clásica clásica, usando el viejo d20, convertir una bonita escaramuza en unas ruinas antiguas, en un sopor de cifras que ni el mismo Neo podría digerir. Para mi lo importante es otra cosa.
    Para mi el rol es imaginar o contribuir al mundo imaginado por otros, es una especie de (antiguo) cuentacuentos interactivo, lo demás, como el sexo, cada cual por y con quien prefiera (y pueda). No me atrevo a decidir si el misionero o el horno sueco es mejor, al menos de una manera no emocional y si racional, cuando son, por si mismos experiencias exclusivamente subjetivas y personales.
    Como su disertación entiendo que no tiene pretensión pontífica, lo único decir, que creo que no hay que mezclar los sistemas con la gente que los juega, que gilipollas hay en todas partes.

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    1. Por supuesto, nada más lejos de mi intención pontificar o faltar a alguien.

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    2. Eso me pareció. Creo que como en los blogs se tiende a editorializar, a veces parece que lo que sientes es lo que piensas, o al revés.
      Entiendo que no te "metías" con los sistemas sino con la gente que los sacraliza. Entiendo, y me parece entender en tu entrada, que apoyas la idea de que el rol no es mejor por ser más inaccesible.
      Personalmente, creo que la ambientación es lo más importante (como la presenta el master), pero el sistema puede favorecer el disfrutarla y desarrollarla (o entorpecerla).

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