12 de octubre de 2016

R2D20: Jugar para aprender


Sibisse, Cristóbal y nuestros vástagos de papel y cartón en una foto muy internacional
Con las últimas novedades apenas habíamos tenido tiempo para comentar un evento en el que nos hizo mucha ilusión colaborar y que ha mitigado de algún modo el amargo sabor que nos dejó la cancelación de las Jornadas de la Marca. El evento en cuestión fue el encuentro internacional “R2D20: roleplaying for development” celebrado aquí en Lorca del 19 al 27 de septiembre, organizado por la asociación amiga Aranea Murcia y al que asistieron jóvenes de Grecia, Italia, Lituania, Eslovaquia, Polonia y España. El tema del encuentro fue el desarrollo de competencias (habilidades, conocimientos y actitudes) a través de la metodología de los juegos de rol y cómo se pueden utilizar estos a la hora de trabajar con jóvenes temas tan importantes como la violencia de género, la resolución de conflictos, la toma de decisiones, la interculturalidad, el racismo o el respeto del medioambiente.

Ya conocíamos experiencias exitosas en la utilización de los juegos de rol como método educativo, ya sea para hacer que los chavales sientan más viva la historia, como para desarrollar en ellos habilidades como la empatía y el trabajo en equipo, que son tan necesarias para resolver los conflictos de este mundo cambiante, pero que son difíciles de tratar en la escuela, con los métodos tradicionales.
Los juegos de rol permiten que los chicos y las chicas actúen en un entorno seguro y controlado, que experimenten, que tomen decisiones, que fallen, que mueran y vuelvan a resucitar, que sean ellos mismos o que jueguen a ser otros. Esto les permite una enorme libertad, pues el fracaso no es algo terrible que va a significar un conflicto en la vida real (tal como son los fracasos en los temidos exámenes), sino que forma parte del juego. El juego ha entendido algo que al sistema educativo le cuesta entender: fracasar forma parte fundamental del proceso de aprendizaje. Una vez que los jugadores acaban la partida, pueden reflexionar sobre lo que ha sucedido, sobre cómo se han sentido y también sobre cómo aplicar lo vivido a la vida real. Según el esquema de Kolb, para aprender algo primero hay que experimentarlo, después reflexionar sobre ello, más tarde generalizarlo y por último aplicarlo a la vida, con lo que el círculo vuelve a empezar de nuevo.

En este sentido los juegos de rol presentan un escenario inigualable para la experimentación. De hecho, los primeros juegos de los niños tienen mucho que ver con los juegos de rol, pues los niños inventan con facilidad mundos de los que son actores, les ponen sus propias (y flexibles) reglas y actúan como los verdaderos protagonistas de esos juegos. Recuerdo que de pequeña mi juego favorito era cuando nos juntábamos mi prima, mi hermana y yo y hacíamos como que éramos dioses griegos (Zeus, Atenea, Afrodita, Artemisa) y decidíamos el destino de los humanos mientras correteábamos por los jardines de aquel colegio exuberante de Febles Campos del que mi abuelo era conserje.

Luego parece que nos acostumbramos a las reglas, a que nos digan lo que podemos y lo que no podemos hacer, a dejar de experimentar, sin darnos cuenta de que eso significa dejar de aprender. En esta convivencia fue muy curioso ver la diferencia entre los chicos que estaban acostumbrados a jugar al rol y los chicos y las chicas que no (por desgracia queda mucho camino por andar para que haya más jugadoras), pues cuando no estaban acostumbrados a jugar al rol les costaba mucho tomar decisiones o arriesgarse a actuar. De alguna manera estaban buscando el “camino correcto”, la “mejor forma” de hacer las cosas. Sin embargo, en la vida, en el rol, no siempre existe la mejor forma, sino que puedes probar formas diferentes y tener éxito, o fastidiarlo del todo sin que puedas evitarlo. Jugar es correr riesgos. Los jugones a veces no entendemos el miedo que produce a un ajeno el hecho de abandonar su zona de confort y atreverse a aceptar las reglas de un mundo que no es el suyo, que no entiende (al menos al principio) y que no puede controlar. Igual es que trasladamos nuestra experiencia del mundo real al juego y pensamos que si fracasamos es que somos unos fracasados, que si no entendemos es que somos tontos, si nos echan somos unos marginados. Cuando por fin los participantes se atrevían no sólo a jugar, sino a crear sus propias historias y sus propios juegos, algo mágico sucedió. De pronto los más tímidos hablaban, los más peleones escuchaban a los demás, los que tenían claras sus ideas empezaban a verlas desde otro punto de vista, y cuando veían a sus compañeros atreverse a dirigir partidas, a crear juegos, ellos también empezaban a atreverse.

Cuando nos ponemos en la piel de otro nos empezamos a conocer mejor a nosotros mismos, pues ya no tenemos que constreñirnos en esa “identidad” que hemos creado día a día para encajar en un esquema en el que tenemos que ser la hija de, la hermana de, la compañera de, la maestra de… sino que podemos vernos a nosotros con otra luz y a través del juego descubrir mejor quiénes somos. También podemos entender a los otros sin juzgar, sino poniéndonos en su piel y contando su historia como si fuera nuestra. Hay una frase de Eduardo Galeano que siempre me ha parecido tremendamente esclarecedora: “los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”, porque quienes somos viene determinado por quiénes nos contamos que somos. Y así, al ser otros, al contarnos en otras historias, vivimos más y aprendemos mejor.

Nuestra colaboración con la asociación Aranea ha sido muy enriquecedora, pues nosotros hemos contado las historias y ellos han hecho que estas historias impliquen un verdadero aprendizaje significativo para los jóvenes. Estamos muy orgullosos de haber participado en este proyecto y esperamos seguir contando historias, seguir viviendo aventuras con ellos en el futuro. 

Manuel y Sibisse



Preparando el programa de la convivencia

También hay tiempo para echar un "Coup" después de comer...

RPGirls

Un grupo... de leyenda.

Preparando hojas de personaje a tutiplén

Panos, de Grecia, mastereando una partida de D&D con españoles, italianos, griegos y eslovacos






1 comentario:

  1. Que chulo y que envidia sana... Tuvo que ser una pasada :D

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