15 de noviembre de 2014

Napoleón en Egipto

La historia de la Humanidad resulta fascinante, a la par que inabarcable. Cientos de sucesos, sino miles o centenares de miles, habrán acontecido sin quedar registrados en los anales o crónicas de la época. Ya bien por su insignificancia u otras causas. Pero incluso así, todo lo que ha trascendido y ha podido llegar hasta nosotros en estos miles de años de historia registrada (más o menos controvertible o interpretable) es igualmente inasumible en su integridad por incompleto. Guerras, conflictos, sagas, traiciones, revoluciones, contrarrevoluciones, acción-reacción, y mil relaciones humanas, qué digo mil, millones, entreveradas: desde la intrahistoria personal desconocida de cada individuo, pasando por el devenir de los pueblos, naciones o imperios. Todo, como digo, forma un canon glorioso a su modo, violento las más de las veces, pero formidable y alucinante. Si ya sólo pudiéramos centrarnos en un único acontecimiento, profundizando en su estudio, podríamos dedicar una vida a dominar sus detalles, y nos faltaría tiempo. Y no les cuento para con un suceso relativamente reciente, toda vez que las fuerzas vivas que dan cuenta de su desarrollo, cubriendo diversas perspectivas, son más numerosas, en una era dominada por la capacidad de la información para compartirse y replicarse. La información, su inmediatez y accesibilidad, es hoy la más poderosa y temible arma al alcance del hombre.



Pero bueno, estas palabras mías servirá como prólogo de lo que quería comentarles, que no es otra cosa que la inmensa cantidad de posibilidades que nos ofrece la historia de la Humanidad para crear campañas, juegos de todo tipo y demás. Es un tópico aquello de que la realidad supera a la ficción, pero aún con la conciencia crítica necesaria para abordar lo aparentemente obvio, lo cierto es que la cantidad de sucesos cuyo desarrollo es sorpresivamente fantástico, épico o directamente increíble, acontecidos a lo largo de nuestra Historia, resulta sobrecogedora. Vivimos en un mundo asombroso, rico, vibrante, violento, crudo y en constante lucha entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, el orden y el caos, la ley y el desgobierno. Y me atrevería a decir que la combinación de la imaginación con el conocimiento, más o menos profundo, de la Historia, si bien centrándonos en algunos acontecimientos interesantes, resulta en una conexión que si se usa de manera eficiente puede crear cosas impresionantes.

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